jueves, 30 de noviembre de 2017

Cosas que pasan

Marzo 28, ¿de qué año? ya no importa. Ese día Francisco y yo prometimos amarnos en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte nos separara, pero ninguno de los dos pudo cumplir la promesa y no nos separó la muerte ni mucho menos.

De tantos consejos que escuche durante toda mi vida, el más escuchado siempre fue: "casate con tu mejor amigo, esa es la formula mágica para un buen matrimonio". Resulta que a pesar de cumplir con la formula, una noche de septiembre, juntos en la cama, mientras el televisor todavía nos daba su luz con un programa que ninguno de los dos le prestaba ya atención. Sí, así sin drama, sin gritos y con una determinación en nuestras voces Federico y yo nos agarramos de la mano mientras yo le susurraba - Fede ya no somos felices ¿cierto?- Fede con una mueca en su boca me hacía entender que era cierto; que a pesar de tantos años de amistad y amor ya esto no era amor o al menos no se sentía como tal.

-¿Y ahora Cami? ¿Qué sugieres?- Me dijo Federico como si estuviera decidiendo en qué restaurante iríamos a almorzar el día siguiente. - Pues nada Fede, ¿qué dices lo intentamos?- Dije con una sonrisa, quizás una muy falsa, llevaba semanas sin sonreir en esa casa. -¿Intentar qué? Mira Camila nos conocemos lo suficiente como para saber que hemos cambiado y que esto ya no va para ningún lado, no hagas las cosas como siempre pensando en el qué dirá tu familia, tus amigos y el resto de sociedad. Ellos no van a vivir este matrimonio por ti-. Sabía que una respuesta así vendría, tan solo dolía un poco más saber que era cierta y que nunca la hubiese querido escuchar salir de sus labios.

Abril 28, un mes antes de cumplir cinco años de casados y después de 25 años de amistad, estamos Fede y yo con nuestros abogados firmando lo que nos separaría legalmente de una vez por todas, al fin y al cabo era solo una formalidad, un papel que llaman; le verdad llevaba más de un año sintiéndolo ausente incluso cuando estaba a mi lado. - Te pido un favor no le digas nada a mi mamá todavía y menos a mi hermana, yo me encargo de ellos luego ¿si?- Le dije a Fede entre lagrimas, mientras él asentía. Pasan los meses y me alejo de todos y todo, empezar a dejar de usar el anillo es mi primer paso y para no tener que afrontar a mis amigos me invento que estoy a reventar de trabajo además, en vez de salir con ellos empiezo a salir sola. Conozco gente nueva a la que por fin puedo decir sin pena y sin tener que dar explicaciones que soy separada, me preguntar ¿felizmente separada? aún me cuesta responder esa pregunta.

Diciembre 24, ya casi un año y sí sobreviví sin tener que dar explicaciones de nada a nadie o bueno casi a nadie Federico al parecer decidió irse de viaje y no comentar mucho al respecto lo cual ayudo bastante debo aceptar, sin embargo hoy es una prueba de fuego. De todos los años juntos jamás estuvimos separados un 24 de Diciembre y cada año turnábamos de familia o en ocasiones celebrábamos las familias juntas. Este año era el turno de celebrar en con la mía y el terror me albergaba hasta los huesos ¿y si no voy? mejor paso navidad sola en mi casa viendo películas, ¡que buen plan! me dije a mi misma sarcásticamente sabiendo que por más que me escondiera ya era hora de afrontarlo. No era el fin del mundo y al final ya estaba hecho, así que llego con los buñuelos y una natilla de coco a la puerta, respiro profundo y mi mamá me abre la puerta, feliz me abraza y me dice que delicia que haya traído comida, deja la puerta abierta esperando el segundo invitado, mira a los lados en la calle y se da cuenta que vengo sola, Maria Camila, ¿y Federico?

Nos encerramos en su cuarto y después de varias lágrimas e intentos de justificar que no había sido culpa de ninguno de los dos mi mamá solo guarda silencio, yo sigo disculpándome y le explico que no estaba lista para afrontar las opiniones y la criticas de todos, simplemente estaba esperando el momento en el que me sintiera cómoda al respecto. Lo sé algo ilusorio, pero era lo que tenía en mente ¿Mamá? ¿Me está escuchando? Mi mamá suelta una carcajada y me mira como con nobleza, - ¿En serio pensó que su mamá no se iba a enterar nunca de algo así? Ay mijta, tranquila tú eres un ser humano, no te des tan duro que esas cosas pasan-.

jueves, 3 de agosto de 2017

Cecilia

Son las dos de la tarde, el bar está lleno y ella acaba de empezar turno. - ¿Esta gente no tiene nada qué hacer?-. -Mesa cuatro y mesa ocho Ceci ¿los atiendes porfa? se nos lleno esto en un segundo- Dijo con voz algo agitada y de preocupación su compañera Adriana. -Es ese maldito partido otra vez, para saber que ganen o pierdan esto es sólo una excusa para beber-, dijo Cecilia intentando reírle al cliente que ya estaba a punto de atender.

Cecilia no sabía como había terminado allí, toda una experta en literatura clásica y moderna con maestría en escritura creativa, ahí sirviendo un par de cervezas a dos extraños. Se sentía estancada, pero sobre todo impotente, ya que llevaba un año enviando hojas de vida y siempre quedaban en llamarla o simplemente le decían que estaba sobre cualificada para algunos puestos. Al terminar el turno decidió cambiarse y tomar una cerveza, al final iba a ser gratis las ventajas de trabajar en el bar; mientras jugaba con la boca de la botella uno de los clientes de la mesa cuatro se le acerco, ella en su impulso le dijo que ya no estaba trabajando, ya había acabado su turno que por favor no la molestara. Daniel se dio la vuelta y cuando iba a dar el paso adelante se arrepintió y volvió a la mesa de Cecilia, - que pena si te molesto, sólo quería saber si quieres compartir la siguiente botella conmigo- Cecilia lo miró extrañado y con una pequeña sonrisa le dijo que estaba bien, con la única condición de qué no le fuera a pedir una cerveza para "niñas".

Daniel empezó como buen conquistador a buscar temas de conversación y entre sus apuntes le dijo a Cecilia que debía ser una amante de su trabajo si después de terminar turno seguía queriendo estar ahí. Ella enrolló sus ojos y exhaló con fuerza, la verdad no quería hablar del tema, sin embargo este ahora no tan extraño le lanzaba semejante frase. Él se sintió como un total imbécil, le estaba amargando más la noche a esta mujer en vez de ser el chico galán que le cambiaba la noche, pero ya que a Ceci no le quedo de otra que decir que era algo temporal y que pues la cerveza gratis era una  buena recompensa después de un largo día de trabajo. En ese momento Daniel se dio cuenta como el brillo mate de sus ojos desaparecía, como su alma se arrugó en un instante y como la amargura se apoderó de la mesa, de las sillas, del ambiente.

Cecilia terminó la cerveza, le dio las gracias a Daniel y le dijo que ya era hora de ir a casa, mientras caminaba hacia el anden Daniel en voz alta y fuerte le preguntó: ¿qué esperas para renunciar?. Cecilia algo desconcertada le dijo que no sabía de que hablaba, no era tan fácil como se veía ¿quién iba a pagar las facturas? ¿cómo iba a pagar la comida? en fin, cómo se iba a mantener sin un empleo estable. Cecilia empezó a caminar más rápido asegurando que su carro llegaría en menos de 4 minutos al lugar según su aplicación. Daniel insistía, le preguntaba que si acaso era una cobarde y Cecilia en cambio, con un tono de rabia y desconcierto, le contestaba que él no era su padre como para preocuparse por lo que hiciera o dejara de hacer con su vida.

Tal como lo indicó la aplicación el carro no demoró mucho en llegar y justo cuando Cecilia iba a abrir la puerta Daniel la alzó en sus brazos y le dijo al conductor que fresco que él se encargaba de ella esta noche, -mil disculpas hombre, ¿le debemos algo? usted sabe como son las mujeres cuando se ponen de mal genio- dijo Daniel tratando de contener a Cecilia quien solo daba patadas y estaba a punto de pegarle con la cartera. -Tranquilo joven, yo lo entiendo- Dijo el conductor entre risas. Para la sorpresa de Cecilia, Daniel tenía bastante fuerza y cuando por fin la dejo tocar el suelo ella sólo quería gritarle hasta de qué se iba morir, él la beso y le dijo que la invitaba a otro bar muy cerca de ahí, tan sólo que ahí siempre había música en vivo. Ella se sentía perdida, la noche iba muy extraña para su gusto, ¿quién se creía él para desordenar su rutina de esa manera?. Finalmente, ella aceptó y al llegar al lugar, quedó gratamente sorprendida con un lugar acogedor, cojines alrededor, mesas con velas de aromas agradables y música en vivo.

La noche por fin tenía un rumbo normal, Daniel salió por un cigarrillo y Cecilia se quedó disfrutando de la música un rato, de repente ella mira el reloj y se da cuenta que Daniel llevaba media hora afuera sin volver, efectivamente Daniel se había ido sin despedirse Cecilia no se hallaba, tenía demasiada rabia y a la vez demasiadas preguntas, pero en fin ya no había quien se las pudiera contestar y no había con quien refunfuñar. Cecilia salió del bar, esta vez la del cigarrillo era ella y en su celular un mensaje de su jefe, al parecer la mesa cuatro se había ido sin pagar y no sólo eso un cliente en específico dio como razón para no pagar el pésimo servicio de la mesera aquella tarde. "Ni te molestes en venir mañana, ya te he pasado un montón las llegadas tarde y la falta de interés Cecilia." Por un instante, las cervezas dejaron de tener efecto y el frío de la noche se sintió pesado, su rostro cambió por completo y la sensación en su cuerpo se convirtió en el sentimiento menos pensado, Cecilia se sentía libre.

sábado, 15 de julio de 2017

Guitarra

Con guitarra en mano, sí con guitarra en mano lo vi cantar y encantar. Su voz era suave, pero masculina con algo ronco la verdad y la letra de esa canción combinaban justo con todos mis pensamientos. Creo que hasta perdí la noción del tiempo en ese momento y no, no quiero sonar cursi tan sólo hay momentos en que es necesario dejar de ver el reloj y mejor concentrase en el ahora. 

Pedí varias bebidas un cuba libre, una cerveza y al final le dije al mesero con una sonrisa y medio ojo cerrado -bueno está bien tráeme un vodka por favor-. Todos estaban acompañados, la gente no suele salir sola y menos a estos sitios, pero yo decidí dejar toda mi compañía en casa. Empezaba una nueva canción y yo sólo me imaginaba esa canción en todos los momentos felices de mi vida, de repente se me cayó el vaso en el suelo, mil pedazos quedaron en el suelo junto con un poco de mi sangre al intentar recoger todos los pedazos al mismo tiempo, ya qué me daba pena interrumpirlo. El mesero me ayudo con gusto y me dijo que si necesitaba ir a casa, levante mi mirada y le dije que ya estaba en casa. Él sonrió imagino pensando que ya estaba muy borracha, cosa que no pasa porque después de muchos años de competencia con mis amigos necesito más de tres copas para en serio emborracharme, pero él no lo sabe. -Silvia, hablo en serio te pido un Uber y ya está- él mesero me conoce de hace años no entiendo porque pensó que ya era hora de irme, yo estaba bien o al menos quería estarlo. -Pablo, que no fresco yo pago por el vaso y no rompo más ¿si?. Daba pena lo sé, sin embargo quizás fue la única vez en el que él levanto la mirada de su guitarra y miró en el público para verificar si todo estaba bien.


¿Acaso el sabe quién soy yo? No, nunca lo supo... quizás algún día sospechó que mi mirada se concentraba más en él que en el resto, pero jamás cruzamos palabra y no fue cobardía claro que no, lo que sucedió fue simple y se los voy a explicar de manera sencilla. Siempre que alguien tiene un extraño encanto y lo conocemos una de dos o ese encanto crece o simplemente lo vemos como un mundano más y el problema no está en la segunda reacción sino en la primera; simplemente porque cuando el encanto crece quizás nos enamoramos, quizás compartimos muchos momentos juntos, quizás nos acostumbramos el uno al otro, quizás nos amamos, quizás soñamos juntos, quizás nos separamos y quizás nos desvanecemos el uno del otro y tan sólo quizás después de todo esto la persona pierde todo su encanto y no es justo quitarle el encanto a alguien ¿no lo creen? 



domingo, 9 de julio de 2017

Fácil

Por supuesto, pensaste que sería fácil. Sí, una maleta tras otra y arrancar dejándolo todo atrás. Pensaste que sería maravilloso enfrentarte a lo diferente después de haber estado atrapada en lo mismo por años. Las mismas personas, la misma comida, el mismo ambiente, en fin lo mismo en todo    sin embargo, no lo hacías por ti lo hacías por alguien más. Cristian siempre me dijo que viajar te hacía mas fuerte y más hábil sobre todo si vas a un lugar en el que no conoces el idioma y no lo puedes ni adivinar, como por ejemplo: China. Un lugar que para nosotros todos los mortales o al menos occidentales nos parece exótico y excitante, pero que en realidad es un lugar donde te perderías con sólo cruzar la calle. 

Cristian con quien siempre quise hacer este y mil viajes más ya no está, no por decisión propia sino por decisión del universo ¿y yo? yo sí estoy... lejos muy lejos de donde inicié todo este plan además que todos te dicen que debes ir a India o a Indonesia para encontrar tu yo y un ser superior que quizás se parezca al Dalai Lama o Gandhi lo cual nunca lo sabré porque nunca encontré al tal ser superior y no, tampoco me encontré. Lo que encontré fue un montón de recuerdos arrumados y sentimientos sin descubrir, encontré el miedo, la aventura y la enfermedad. Nada peor que la enfermedad en un lugar como Asia o cualquier ciudad en donde no hablen tu idioma y tú no hables el suyo. En un lugar en el que todos digan hablar inglés, pero resulten dibujando lo que quieren decir. De verdad, cómo no querer gritarle al doctor "¡me siento mal ayúdeme!" y que ojalá en su rostro se dibujara un por fin te entiendo, lo cuál nunca pasó, pero afortunadamente me recuperé. 

Me llamo Valentina y fracasé en ese viaje que llaman "conoce a tu yo interior", fracasé con la meditación, fracasé queriendo dejar ir, fracasé queriendo dejar de pensar en él; lo tengo que aceptar fracasé muchas veces, pero nunca me rendí y creo que ahí está la clave, en no rendirse; así a veces no de resultado quizás porque entre más lo intentes más cosas nuevas te atreves a internar y en ocasiones más te atreves a vivir y sobre todo es cuando más aprendes. Quizás no sea la mejor con aquello del desprendimiento, pero al menos ya no me da miedo la palabra fracaso, ni la palabra tiempo, quizás todavía me da miedo la palabra ausencia y la palabra amor, de todas formas todo es un proceso y hay cosas que sólo se dan a largo plazo y no a corto. 



domingo, 4 de diciembre de 2016

Voces

Todos quisiéramos decir que en algún momento de nuestras vidas siempre lo dimos todo, sí todo. Que cada beso y cada caricia la sentimos hasta el final sin arrepentimiento, sin embargo con el pasar de los años nos convertimos en esos seres que ni nosotros mismos somos capaces de reconocer.

Entre miles de voces a veces decidimos escuchar unas más que otras, ahí fue cuando me enrede en varias voces sin saber lo que me esperaba de cada una de ellas. No era ni muy joven, pero tampoco tan mayor como para decir que ya lo había vivido todo, la verdad ni la edad importa era lo que esas voces y esa imágenes me iban a decir. Algunas me lo advirtieron, otras me sedujeron y otras me mintieron, ahí comenzó mi miedo más grande todas estas voces sonaban y sonaban con un solo propósito llamar tan sólo al que tuviese dispuesto a escuchar. Entre tantas voces me sentí abrumada, tenía miedo de convertirme en una voz más; porque es en el momento en el que decides dejar tu esencia cuando no te reconoces y eres una voz más. 

-¿Angelica?-  Por primera vez en mucho tiempo no quise responder a mi nombre, pero al parecer ya era muy tarde. -¿Qué haces acá?- Lo mismo que haces tú, espero a alguien. -¿Cómo sabes que espero a alguien?- La verdad no tenía ni idea sólo adivinaba (y sí sólo adivinaba, él era de esas primeras voces que quiere atraparte y a la vez ser libre porque la condición es atrapar y no ser atrapado). -Que buena eres adivinando no te imaginas como me ha ido en todos mis viajes y ascensos ... (querido lector aquí se puede imaginar toda la cantidad de palabras que alguien con el ego hasta la estratosfera podría pronunciar mientras nadie le pregunto nada sobre su vida). Que bueno Alejo, me alegra mucho por ti (lo que todos decimos alguna vez por educación) tengo que tomar una llamada afuera, nos estamos hablando ¿vale? - Sí claro Angueliquita, claro que sí (esas benditas mañas de ponerle diminutivos a los nombres). 

Me aleje un poco del sitio donde me encontraba y empece a escuchar varias voces más, allí estaba yo sentada en la mitad de una banca a mitad de la noche, entre muchos edificios, todos muy altos, pequeños lagos alrededor y una voz muy grave se me acercó -¿A quién esperas? dijo- De todas las voces de las que quería huir esta por fin decía algo razonable. Me quedé fría por unos instantes y decidí que lo más inteligente que podría hacer era responder, el problema era que no tenía la respuesta, al parecer no esperaba nadie. Entonces ¿qué hacía ahí yo entre tantas voces? Empece a correr, esperando que las voces me dejaran de lado, pero cada paso que daba las hacía más fuertes -¡Vamos Angelica, que tú puedes!- me decía a mi misma mientras intentaba seguir corriendo. 


Me tiré al suelo como acto desesperado para callar las voces, caída que fue en vano porque aún las escuchaba llenas de falacias y algunas hasta carentes de sentido; sostuve la botella con fuerza mientras sentía que alguien me levantaba con fuerza. - ¡Angelica otra vez en este estado! esto ya se le está saliendo de control- Era mi mejor amigo Angel, lo sé la ironía del nombre lo dice todo, pero no era mi Angel tan sólo en mis momentos de menor sobriedad era mi salvación fija. De repente todas las voces se callaron y sólo quedó la mía, al hablar ya no era mi misma voz y ya hablaba como las otras voces, sin sentido. Entre en pánico y Angel me agarró de inmediato antes de caer, ya era muy tarde llevaba meses negando hacerme la quimioterapia que según otras voces era la que me iba a salvar, al final nunca me imaginé que para callar el resto de voces tendría que callar la mía primero. 











lunes, 1 de agosto de 2016

Pegando trozos con colbón

Es una niña pequeña que aún no entiende muchas cosas, sólo tiene una preocupación hoy. Sí esta niña sin culpa ha roto el jarrón preferido de mamá, no se explica como pasó, no se explica en que momento dejó que todo esto pasara.

Era una mañana normal y ella jugaba en el patio, su madre guardaba el jarrón como el último obsequio que le había regalado su marido antes de morir, sin embargo lo guardaba con tanto fervor que la niña siempre pensó que había algo adentro, algo de valor, la niña realmente pensó que ese jarrón encerraba algo real. La curiosidad dicen que mató al gato, yo digo que no, el gato tiene 7 vidas así que lo único que puede matar la curiosidad es el encanto, claro sólo digo yo. Así como esa mañana cuando la niña, a quien solo cuidaba su abuela, decidió averiguar que había dentro de este jarrón. 

Sin embargo, la niña es muy pequeña para alcanzarlo y en su noble intento tan sólo logra romperlo, primer grave error piensa ella ¿y cómo arreglarlo? Fácil lo que está roto se puede volver a pegar con colbón, el problema estuvo en que entre más intento pegar los trozos menos encajaban entre ellos, porque a veces eso pasa intentar pegar los restos no es lo mismo porque definitivamente ya hay algo o alguien que no está completo. 

La abuela se percató de todo el intento, en cómo la niña duró toda la mañana intentando pegar los trozos de aquel jarrón, al final sin éxito. La abuela se le acercó y le dijo que no había problema, era tan sólo un jarrón, pero la niña en ese instante gritó- ¡NO ES SÓLO UN JARRÓN, ES EL JARRÓN QUE PAPÁ LE DIO A MAMÁ! La abuela la mira con ternura y de nuevo le dice, es sólo un jarrón y más aún un jarrón destruido, además no puedes juntar trozos con colbón que en un  principio fueron construidos con amor, ahí es cuando debes decir adiós.

viernes, 15 de abril de 2016

El encanto

Cumplía años un día de abril, se levantó como todos los días, en realidad no recordaba que era su cumpleaños, para ella era un día más. Sus padres la levantaron con un ponqué de cumpleaños y varias bombas. Les sonrío y les agradeció por todo, les dijo que los amaba mientras ellos en pocos minutos se retiraban de su cuarto. Salió de su casa en la mañana y el transcurso del día fue algo normal, sin embargo por la tarde ya sabía que era lo que debía hacer. 

Entró a la primera peluquería que vio y le pidió al peluquero que por favor lo dejara lo más corto posible, tenía el cabello castaño claro, así que también pidió dejarlo negro lo suficiente como para que combinara con el negro de sus ojos, seguido salió directo a la librería nacional y compro un libro al azar, sabía que no lo leería ese mismo día, pero hacía parte del plan. 

Llevaba varios días cargando su dibujo favorito en su mochila, así que sin dudarlo se acerco a Acid Ink y pidió al artista plasmar en su piel aquel dibujo que llevaba por días consigo, él le preguntó donde deseaba el tatuaje, ella sin dudarlo le dijo que en su antebrazo izquierdo. La sesión duró una hora, no era su primer tatuaje, pero sentía que nunca antes un tatuaje le había dolido tanto. No sabía si era su significado o que aquello que plasmaba antes le había podido causar tanto dolor, no sabía si la tinta había logrado tocar las fibras de su alma o había logrado tocar su dolor, definitivamente no sabía. 

Cuando salió ya era de noche, la ciudad y sus luces le recordaban mil cosas, así que para huir de esos recuerdos decidió abrir el libro, ese mismo que había decidido no leer ese día. Curiosamente dentro de él había una carta, estaba escrita a mano y decía:  

"Gracias
Para ti que siempre has confiado en mi. No sabes cuantas veces desee que los versos de este escrito fueran distintos, no sabes cuantas veces desee que estos versos fueran palabras y que esas palabras se convirtieran en actos. Tomaste lo mejor de mi y no hay reproches porque siempre fue lo que te quise dar y lo que te sigo dando así sea sólo en versos. De pronto en unos años yo crezca lo suficiente como para acercarme de nuevo a ti sin hacernos daño y hoy ya no sólo estoy orgulloso de ti sino también de mi". 

La ciudad daba vueltas y las lagrimas al leer esta carta hacían borrosos los rostros de la gente. Ella sabía que todo era parte del plan, que tocar fondo es romper con el encanto y que de por sí estaba claro que no todo lo que había hecho ese día podía ser en vano. Ella sabe la responsabilidad que trae el saber, porque cuando sabes y no haces nada al respecto el castigo es doble. Su respuesta a la carta era muy simple, con todo el amor del mundo subió a la terraza de su edifico y allá en el lugar más alto, donde la ciudad parece un grupo de luces más no de gente, ahí se dejó ir, pero no se dejó ir en cuerpo se dejó ir en alma.

En ese instante logró darse cuenta de que todos los días despedimos a alguien de nuestras vidas y con cada una de ellas despedimos una parte de nosotros, en ésta ocasión despedía no sólo una parte de ella sino todo lo que había sido antes, era el momento para empezar de nuevo. Dio una última mirada a la ciudad y le agradeció por haberla tocado con su luz, quizás fue a la ciudad, quizás fue a esa persona que despidió o quizás fue a esa persona, sí esa que solía ser.